martes, 15 de enero de 2008

1. Auspicios venenosos.

Ina Aurith tenía una visita hoy.

Los dinastas, nobles del imperio escarlata (llamado así gracias a su ahora desaparecida líder y creadora, la emperatriz escarlata) poseen un sistema político complejo, que gira entorno a las mayores casas nobles y sus relaciones, especialmente de sus miembros vástagos del dragón, aquellos por los que en sus venas corre la sangre de los dragones inmaculados.

La visita de Ina se trataba justamente de uno de los eventos más auspiciosos para una casa dinasta. Una boda entre dos vástagos del dragón. Ina, además de ser dueña de una hermosura legendaria, es también una condecorada guerrera, y cuenta con una sangre bendita por el dragón de madera, evento extraño en la casa Cathak, pero aún valioso por si solo. Esto la hacía un bien sumamente preciado para la política de su recientemente fundada casa.

Hace muchos años, apenas sus primeras victorias marciales fueron escuchadas entre las casas nobles del reino, los pretendientes comenzaron a llover a la pequeña casa secundaria de Aurith Cathak. La casa Cathak es una de las más poderosas en el imperio, pero la familia Aurith apenas tiene unos años desde su fundación, y las ofertas de matrimonio fueron recibidas con los brazos abiertos. El extraño orgullo de la casa, Ina, se vio inundada de obsequios, poemas, cantos y demás, todos destinados a buscar el favor de alguno u otro pretendiente, estrategia que habría de fallarle a todos debido al prohibido secreto de la vástago de madera.

Pero la casa Aurith no le permitió ignorar a sus pretendientes por demasiado tiempo. Uno en particular, Mnemon Vadoss, de la casa Mnemon, la más poderosa del imperio, fue elegido como el pretendiente más valioso para la promesa de la casa Aurith, y la boda fue arreglada. Como es costumbre, la boda como tal no tenía una fecha específica, y podían pasar muchísimos años antes de que una fuera fijada, pero la alianza futura era un canal por el cual ambas casas podían relacionarse, y eso es algo muy importante para la joven sub-casa de Cathak, sin duda.

Vadoss había hecho varias visitas a su hermosa prometida, casi siempre usándolas como excusa para realizar negocios privados con el líder de la casa, Cathak Aurith. Ina no lamentaba la falta de atención de su prometido.

Esta vez, sin embargo, el negocio parecía ser ella.

- “Mi querida Ina. Luces tan hermosa como siempre.” - Le dijo Vadoss, haciendo una ligera reverencia ante la entrada de la belleza de madera. Parecía taciturna, algo triste, pero tales detalles pasaron desapercibidos para Mnemon Vadoss.

- “Vadoss, tu visita me toma por sorpresa. ¿A que debo el honor?” – responde ella, mordazmente. Acostumbrada a una vida entre militares, su lenguaje es más rudo del escuchado en las reuniones de negocios dinásticas.

- “Ah, ¿si? Mis disculpas, esta reunión tiene unas semanas pautada, pero al parecer hemos olvidado avisarte con anticipación” La sonrisa de Vadoss es poco franca, mientras observa detalladamente la figura de quien será su esposa. “Mi motivo para visitarles es una simple formalidad. Me gustaría pautar la fecha de nuestra unión. Tengo algunas fechas propicias para tal evento, y me gustaría contar con tu asentimiento ante aquella que tu tío y yo acordemos”.

Ina parpadeó, incrédula. Había albergado la esperanza de que la farsa del matrimonio no se consumara nunca, esperanza inútil, sin duda, pero necesaria. Ahora, estaba claro que su vida sería mucho más compleja, sin mencionar sus secretos, más difíciles de mantener.

- “¿Es que acaso no tengo una opinión respecto a la fecha de mi propia boda?” – responde Ina, molesta, pero conociendo perfectamente la respuesta.

- “Claro que sí, mi querida sobrina.” Respondió el patriarca de la casa Aurith. “El joven Vadoss y yo solo acordamos varios días que fueran apropiados para ambas casas, pero tu preferencia por uno u otro será tomada en cuenta al momento de la planeación”

- “¿Y cuando son estas fechas apropiadas para ambas casas? Sería una pena, sin duda, no aprovecharlas, únicamente por algo tan poco prioritario como las preferencias de la novia.”

Aurith Cathak carraspeó, algo ofendido por el irrespeto de su sobrina, pero manteniéndose tranquilo, en orden de no empeorar el ánimo de la joven.

- “Los tres días propicios se encuentran en el mes de Tierra Ascendente.” Respondió Vadoss, dirigiendo una mirada cómplice al patriarca de la casa.

Ina volteó violentamente a encarar a su prometido.

- “¿Tierra ascendente? El mes comienza en apenas tres días. Sin duda necesitamos mas tiempo para la preparación”

- “Tonterías. La boda está casi lista, solo falta la bendicion de la Orden Inmaculada, y el evento puede llevarse a cabo.” Replicó Vadoss, complacido.

Ina no se encontraba tan complacida. Por suerte, como buena guerrera, tenía una vía de escape preparada.

- “Lamento que, por propicios que sean estos días, la boda tendra que ser pospuesta indefinidamente.”

- “Y eso, ¿por qué? Tu legión se encuentra estacionada en la Isla Bendita, y ambas casas han dado su aprobación.”

- “Recibí una orden para movilizar a una escala de veinte soldados bien entrenados, y ponerme al servicio de un miembro del heptagrama, para una misión prioritaria en el Threshold. La orden inmaculada, y nuestras casas, no verán como una buena señal el hecho de que la boda de dos dinastas se lleve a cabo tan lejos del corazón del Imperio.”

Vadoss parece conmocionado ante esta información. Voltea y dirige una mirada inquisidora a Cathak Aurith, pero la mirada del lider de la casa Aurith demuestra que éste no posee información al respecto. Ina disfruta su momento.

- “Lo siento, mi señor. La orden llegó el día de ayer, y cuando solicité su audiencia, me informaron que se encontraba ocupado, en una reunión con un aliado comercial.” Ina observa a Vadoss con desconfianza. Este gesto si no pasa desapercibido para el joven Vástago. “Puesto que mi obligación yace primero con el ejercito imperial, no consideré necesario su beneplácito, y envié un mensaje asegurando mi presencia y la de mis tropas selectas, esta mañana.” Ina se permitió una sonrisa. “Justo después de haber recibido el mensaje de presentarme ante mi prometido.”

Vadoss sonríe, entretenido.

- “Muy bien. Al parecer nuestros planes tendrán que esperar hasta después de esta orden. ¿Al threshold, dices? Eso es fascinante.

- “Aún no conozco los detalles de la misión. Aparentemente me encontraré solo como soporte y escolta. Debe ser alguien importante dentro de la escuela de hechicería, o no enviarían a una Vastago condecorada.”

Aurith Cathak permanece serio, pero en su mirada se denota su carácter volátil, y su actual molestia.

- “Ina, creo prudente recordarte que esta unión con la casa Mnemon es importante para ambas partes. Los preparativos no se detendrán solo porque te movilices fuera de la Isla Bendita. Prepararemos la ceremonia y la realizaremos apenas tu misión en el Threshold acabe. Es la voluntad de tu señor.”

Ina sostiene la mirada de su patriarca. Es una corta batalla de personalidades. Vadoss observa la escena con poco interés, conociendo perfectamente que la aversión de Ina por su unión no afectará en nada sus planes. Después de todo, esta obligada por la tradición y las reglas dinásticas.

Ina bajó la mirada después de unos segundos, mordiendo su labio inferior, mientras su cabello caía por su cara y ocultaba la belleza de su rostro. Poco podía hacer ante la decisión de su señor tío. Vadoss sintió una vez más esa ligera atracción hacia su prometida, un momento de debilidad, lo sabía, pero se lo permitía.

Vadoss Mnemon no era un hombre bondadoso, poco interesado en socializar con los demás vástagos del dragón. Todas sus relaciones eran puramente destinadas a cumplir sus propósitos, sin importarle la naturaleza de las personas con las que mantenía los tratos. Su boda con Ina Aurith Cathak era puramente nacida de presiones familiares, y de la necesidad de tener una esposa digna para cuando sus mayores planes dieran frutos. Eligió a Ina únicamente basado en sus hazañas militares, pero poco a poco se iba sintiendo mas complacido con su apariencia, reconocida en varios círculos dinásticos. Sin duda, su belleza será otro trofeo que ostentar, cuando sea apropiado.
Se preguntaba, ¿Cómo se vería al lado de su prometida? El era un hombre poco agraciado. De altura media, la bendición de Dragón de Tierra le endureció las facciones, dándole a su piel el color de la arena, y el tacto acorde. Sus ojos, oscuros, parecían pozos vacíos y secos, carentes de cualquier brillo. El cabello, corto y grueso, había comenzado a escasear en la parte frontal de su cabeza, y el sumamente ligero olor a azufre prometía solo empeorar con los años. Una pareja llamativa, sin duda, al tomar en cuenta a su prometida.
A pesar de su usual prudencia a la hora de llevar a cabo sus planes, este retraso le molestaba. Le obligaba a ser aún más paciente, y hería su orgullo al postergar su grandioso momento. Además, una visita al threshold podía hacer aún peores cosas en su impredecible prometida. Era un riesgo que no deseaba correr.

- “Mi dulce Ina, si haz de marchar a los peligrosos territorios mas allá del control total del imperio, sería un terrible prometido si no velara por tu seguridad. Permíteme aportar a tu partida de guerra unos cuantos de mis propios hombres, para que actúen de tus protectores y cuiden de ti en mi lugar.”

Ina lo observó en silencio, no sin cierta molestia.

- “Agradezco tu oferta, Vadoss, pero ya poseo guardias leales con los que puedo contar. No necesito de tus hombres.”

- “Hablas sin duda de ese… mortal, y su grupito de soldados.” Respondió Vadoss, mostrando un poco de desprecio ante la idea de un mortal guardando de un Vástago. “Son sin duda un divertido juguete en la Isla Bendita, pero en el Threshold encontraras peligros que un simple mortal no puede lidiar. Te proporcionaré Vástagos, espíritus, todo lo que la casa Mnemon puede ofrecerle a una futura hija.”

- “Como te dije, Mnemon. No necesito de tu ayuda.” Repitió Ina, pronunciando cada palabra como una sutil amenaza.

- “¡Ina!” Intervino Aurith Cathak, levantándose de su asiento, asentado al final de unos escalones, desde el cual mantenia la mayor altura en la sala de reuniones. “Es sumamente considerado de parte de Vadoss el ofrecernos tales comodidades. Las aceptaras, como muestra de que aceptas la union entre nuestras casas. ¿Está claro?”

Extrañando el campo de batalla, donde habría podido hendir su enorme espada de Jade en el cuerpo de un enemigo para acabar con su frustración, Ina asintió, lentamente.

- “Está claro, tío.” Dijo, pausadamente. “Pero solo aceptaré un par de guardias, Vástagos, nada de espíritus que no puedo controlar sin hechicería. Y mis guardias mortales nos acompañarán también.”

Vadoss suspiró, intentando demostrarse derrotado, una actuación que sus ojos traicionaban.

- “Como desees, esposa mia”

Unos minutos después, y durante el resto del día y tarde, Ina se encontraba en su jardín privado, su lugar de meditación. Intentaba borrar de su mente todo pensamiento, y dejar que su esencia fluyera libremente con los seres vivos que la rodeaban, las plantas y flores que ella misma había cultivado, pero volvía una y otra vez a los eventos que se habían desarrollado esa misma mañana, y aquellos que la acosaban de la noche pasada y muchas mas antes de esa.
Su esencia no se permitía fluir tranquila, avivada por sus pensamientos. Poco a poco fue tomando vida propia, saliéndose de su control, a medida que las lagrimas de impotencia recorrían sus perfectas mejillas, que comenzaban a sonrojarse ligeramente. El regalo de los dragones, la esencia casi divina que corría por sus venas, se desbocó en una espesa cortina traslucida, cuyo centro era Ina. Verde como su cabello, con detalles carmesí, como sus labios, la capa de esencia tomaba la forma de espinas y rosas y bailaba a su alrededor, haciendo que las plantas que rodeaban su regazo siguieran el giro de las ilusiones, atraídas a la vástago de madera como si ésta fuera el sol del que dependían sus vidas. Fue una suerte que nadie se encontrara cerca de ella, pues su ira había desatado su poder, y todo a su alrededor estaba cubierto por su venenosa y suave esencia, que le hubiera causado la muerte a cualquier desdichado mortal que se sintiera atraído por la escena.
Ina se dejo caer a la cama de flores y grama ante ella. Las rosas apartaron sus espinas, los helechos se acomodaron a su caída, e Ina Aurith Cathak gritó de impotencia en su lecho, verde como el jade, rojo como la sangre.

En toda su vida jamás había perdido una batalla. Ahora Ina sufría, por primera vez, la más definitiva de las derrotas.

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